31 de agosto de 2020

Nuestra Señora de las Lágrimas


El 29 de agosto celebramos el aniversario de las lacrimaciones de una pequeña imagen del Inmaculado Corazón de María en Siracusa (Italia) en 1953.

Los hechos

En la casa de un humilde matrimonio de Angelo y Antonia Lannuso ocurrió un hecho sobrenatural: una pequeña imagen de yeso del Inmaculado Corazón de María empezó a derramar lágrimas humanas desde el 29 de agosto al 1º de septiembre de 1953. Antonia estaba embarazada con muchas complicaciones, se encontraba el día 29 en su cama sobre la cual estaba esta pequeña Virgen. Con frecuencia perdía la capacidad de ver de a ratos. Ese día, por la mañana, ella vio caer lágrimas de la imagen. Ese fenómeno se repitió en 58 ocasiones distintas. La noticia corrió como la pólvora por el pueblo y fuera de él, haciendo de la casa un lugar de peregrinación constante.

Qué dice la Iglesia

El párroco, enterado del hecho, armó una comisión médica que analizó las lágrimas de la imagen. Los estudios dieron que el liquido eran lágrimas humanas, con compuestos de proteínas y uratos presentes en lágrimas infantiles y adultas. El hecho se declaró "científicamente inexplicable".

Nicola Guarino, director de fotografía de Siracusa, filmó una de las lacrimaciones el 30 de agosto y pudo registrar de forma exclusiva los hechos.


Los obispos de Sicilia declararon el hecho como sobrenatural y dijeron: "Hacemos votos de que esta manifestación de la Madre Celestial incitará a todos a una penitencia saludable y una devoción más viva al Inmaculado Corazón de María, esperando la pronta construcción de un Santuario que perpetúe la memoria del prodigio".

El mismo Papa Pío XII dijo a propósito de este fenómeno: “¿Comprenderán los hombres el secreto lenguaje de las lágrimas de María? Son lágrimas de espera por el retorno de otros hijos suyos, un día fieles, y hoy arrastrados por falsos encantos del enemigo de Dios. Llora María por tantos hijos a quienes el error y la culpa han apagado la vida de la gracia, y ofenden gravemente a la majestad divina”.

San Juan Pablo II recordó los hechos de Siracusa en 2003 y dijo: «¡Qué misteriosas son estas lágrimas! Hablan de dolor y ternura, de consuelo y de misericordia divina. Son el signo de una presencia materna, y un llamado a convertirse a Dios, abandonando el camino del mal para seguir fielmente a Jesucristo».

El Papa Francisco en 2016 presidió una Vigilia de Oración "para secar las lágrimas" y se llevó desde Siracusa a la Basílica de San Pedro el relicario que contiene las lágrimas de la Virgen. En esa ocasión, el Papa dijo: “Al lado de cada cruz siempre está la Madre de Jesús. Con su manto, ella enjuga nuestras lágrimas. Con su mano nos ayuda a levantarnos y nos acompaña en el camino de la esperanza”.

En 2018, estas mismas reliquias visitaron la Casa Santa Marta donde vive el Papa durante la celebración diaria de la Santa Misa. En esa ocasión Francisco dijo: “Han traído desde Siracusa la reliquia de las lágrimas de la Virgen. Hoy están aquí, y rezamos a la Virgen para que nos dé a nosotros y también a la humanidad, porque tenemos necesidad, el don de las lágrimas, que nosotros podamos llorar por nuestros pecados y por tantas calamidades que hacen sufrir al pueblo de Dios y a los hijos de Dios”.

Consolemos el Corazón de la Virgen

En el año 1929, en Brasil, nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen hicieron revelaciones a la Madre Amalia Aguirre. Ellos le pidieron que difundiera la devoción a nuestra Señora de las Lágrimas, revelandole también un rosario o coronilla que tendría un gran poder ya que Jesús le dijo: "Todo lo que los hombres me pidan en atención a las Lágrimas de Mi Madre, Yo, amorosamente, se los concederé" (8/11/1929).

La Madre Amalia relata lo siguiente:


«El 8 de marzo de 1930, estaba en la capilla arrodillada en los escalones del altar cuando de repente me sentí elevada para lo alto. Una Señora de belleza indescriptible se me acercaba. Llevaba una túnica violeta, un manto azul y un velo blanco que cubría sus hombros e que también la envolvía alrededor del pecho. Con una sonrisa, se me acercó flotando. Ella sostuvo en sus manos un rosario que ella misma llamó de "Corona". Las cuentas brillaban como el sol y eran blancas como la nieve. Entregándome este rosario, Nuestra Señora me dijo: "Esta es la Coronilla de Mis Lágrimas, que Mi Hijo quiere confiar a tu Instituto como parte de Su Herencia. Mi Hijo ya te ha enseñado las invocaciones. A través de estas invocaciones, Él quiere honrarme de una manera muy especial y, por lo tanto, de buen grado otorgará todas las gracias que se pidan en atención de Mis Lágrimas. Esta Coronilla [o Rosário] servirá para la conversión de muchos pecadores, y especialmente de aquellos que están poseídos por el demonio. Al Instituto de Jesús Crucificado está reservado un honor especial que es la conversión de muchos miembros de una secta transformándolos en árboles floridos dentro de la Iglesia. Por esta Coronilla el demonio será vencido y el dominio del infierno destruido. Prepárate para este gran combate!". Dicho esto, la Señora desapareció.»

Para mayor información o profundizar hacé click en el enlace: http://www.nossasenhoradaslagrimas.com/es/hermana-amalia/

Cómo rezar la Coronilla de las Lágrimas de la Virgen

Se reza con un rosario de siete misterios de siete cuentas cada uno (Rosario de los siete Dolores). Oración inicial. Jesús crucificado, postrados a tus pies te ofrecemos las lágrimas de aquella que te acompañó con tierno amor y compasión en tu vía crucis. Concédenos la gracia, oh buen Maestro tomar en serio las enseñanzas contenidas en las lágrimas de tu Santísima Madre, para cumplir tu voluntad de tal manera que un día seamos dignos de alabarte y glorificarte por toda la eternidad. Amén. En el inicio de cada misterio Oh Jesús mío, mira las Lágrimas de aquella que te tenía el amor más grande en la tierra y te ama con el amor más fervoroso en el cielo.


Se repite siete veces: Oh Jesús escucha nuestros ruegos por las Lágrimas de tu Santísima Madre Al finalizar los siete misterios, se dice tres veces: Oh Jesús mío, mira las Lágrimas de aquella que te tenía el amor más grande en la tierra y te ama con el amor más fervoroso en el cielo. Oración final Oh María, Madre del Amor, de los Dolores y de Misericordia, te suplicamos reúne tus ruegos con los nuestros para que Jesús, a quien nos dirigimos en el nombre tus lágrimas de Madre, escuche nuestras súplicas concediéndonos con las gracias que te pedimos la corona de la vida eterna, Amén. Que tus Lágrimas, Madre Dolorosa, destruyan el reino del infierno. Por tu Divina mansedumbre, oh Encadenado Jesús, guarda al mundo de los horrores amenazantes..


25 de agosto de 2020

Mensaje del 25 de agosto 2020 en Medjugorje

 

MENSAJE DE LA REINA DE LA PAZ, 

DADO EL 25 DE agosto DE 2020  EN MEDJUGORJE



“¡Queridos hijos! Este es un tiempo de gracia. Estoy con ustedes y los llamo nuevamente, hijitos: regresen a Dios y a la oración hasta que la oración se convierta en alegría para ustedes. Hijitos, no tienen futuro ni paz mientras en su vida no inicie la conversión personal y un cambio hacia el bien. El mal cesará y la paz reinará en sus corazones y en el mundo. Por eso, hijitos, oren, oren, oren. Estoy con ustedes e intercedo ante mi Hijo Jesús por cada uno de ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado” 





Si no puede visualizar, haga click aquí: 





19 de agosto de 2020

María Reina

 El próximo 22 de agosto, la Iglesia celebra la fiesta de María Reina. El papa Emérito Benedicto XVI nos explica el significado de esta celebración:

"María es Reina porque fue asociada a su Hijo de un modo único, tanto en el camino terreno como en la gloria del cielo. El gran santo de Siria, Efrén el siro, afirma, sobre la realeza de María, que deriva de su maternidad: ella es Madre del Señor, del Rey de los reyes (cf. Is 9, 1-6) y nos señala a Jesús como vida, salvación y esperanza nuestra. Pablo VI recordaba en su exhortación apostólica Marialis cultus: «En la Virgen María todo se halla referido a Cristo y todo depende de él: con vistas a él, Dios Padre la eligió desde toda la eternidad como Madre toda santa y la adornó con dones del Espíritu Santo que no fueron concedidos a ningún otro» (n. 25).

 ¿Cómo ejerce María esta realeza de servicio y de amor? Velando sobre nosotros, sus hijos: los hijos que se dirigen a ella en la oración, para agradecerle o para pedir su protección maternal y su ayuda celestial tal vez después de haber perdido el camino, oprimidos por el dolor o la angustia por las tristes y complicadas vicisitudes de la vida. En la serenidad o en la oscuridad de la existencia, nos dirigimos a María confiando en su continua intercesión, para que nos obtenga de su Hijo todas las gracias y la misericordia necesarias para nuestro peregrinar a lo largo de los caminos del mundo. Por medio de la Virgen María, nos dirigimos con confianza a Aquel que gobierna el mundo y que tiene en su mano el destino del universo. Ella, desde hace siglos, es invocada como celestial Reina de los cielos; ocho veces, después de la oración del santo Rosario, es implorada en las letanías lauretanas como Reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los Apóstoles, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes, de todos los santos y de las familias. El ritmo de estas antiguas invocaciones, y las oraciones cotidianas como la Salve Regina, nos ayudan a comprender que la Virgen santísima, como Madre nuestra al lado de su Hijo Jesús en la gloria del cielo, está siempre con nosotros en el desarrollo cotidiano de nuestra vida" (Audiencia General, 22 de agosto 2012).

Invoquemos, entonces, a María como nuestra Reina, rezándole el Salve Regina. Pidamos por todos los que en estos momentos están sufriendo, por la Iglesia en agonía, por el mundo entero, para que renovemos la esperanza en la promesa de Dios: Él triunfará por sobre todas las cosas, y ese triunfo y reinado final vendrá primero por el triunfo del Inmaculado Corazón de María. ¡Esta es la esperanza cristiana!: Dios no nos deja solos, Él reinará y triunfará porque es más grande que todas las cosas y problemas de este mundo: por muy oscuro que veamos todo, los Corazones de Jesús y María reinarán, triunfarán. ¡¡Confiemos, esperemos y vivamos en esta esperanza!! Invoquemos a María:

Virgen Reina de BradiBarth

Salve, Reina y Madre de misericordia,

vida, dulzura, esperanza nuestra, Dios te salve.

A ti clamamos los desterrados hijos de Eva,

a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

¡Ea!, pues, Señora y Abogada nuestra,

vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos

y después de este destierro,

muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre,

oh Clementísima, oh Piadosa, oh Dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Amén.




11 de agosto de 2020

Asunción de la Virgen al Cielo - ¡Consagración de nuestra muerte al Inmaculado Corazón de María!


El próximo 15 de agosto celebraremos con toda la Iglesia la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo. ¿Qué es lo que celebramos? "la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste" (Pío XII, Munificentissimus Deus, #44). Creemos, como dogma de Fe, que nuestra Madre Santísima vive en el Cielo en Cuerpo y Alma, siendo Ella la primera redimida por la Sangre de Jesús. Ella fue concebida sin pecado, fue siempre Virgen, Madre de Dios hecho hombre y, una vez terminada su vida terrenal, su Hijo Jesús la elevó al Cielo en Cuerpo y Alma.

¿Qué relación tiene esto con nuestra Fe? El papa Benedicto XVI nos explica el 15 de agosto 2012: "[...] ahora nos preguntamos: ¿qué da a nuestro camino, a nuestra vida, la Asunción de María? La primera respuesta es: en la Asunción vemos que en Dios hay espacio para el hombre; Dios mismo es la casa con muchas moradas de la que habla Jesús (cf. Jn 14, 2); Dios es la casa del hombre, en Dios hay espacio de Dios. Y María, uniéndose a Dios, unida a él, no se aleja de nosotros, no va a una galaxia desconocida; quien va a Dios, se acerca, porque Dios está cerca de todos nosotros, y María, unida a Dios, participa de la presencia de Dios, está muy cerca de nosotros, de cada uno de nosotros. Hay unas hermosas palabras de san Gregorio Magno sobre san Benito que podemos aplicar también a María: san Gregorio Magno dice que el corazón de san Benito se hizo tan grande que toda la creación podía entrar en él. Esto vale mucho más para María: María, unida totalmente a Dios, tiene un corazón tan grande que toda la creación puede entrar en él, y los ex-votos en todas las partes de la tierra lo demuestran. María está cerca, puede escuchar, puede ayudar, está cerca de todos nosotros. En Dios hay espacio para el hombre, y Dios está cerca, y María, unida a Dios, está muy cerca, tiene el corazón tan grande como el corazón de Dios".

En este día, consagremos nuestra muerte al Corazón Inmaculado de María. Para ello, sor Emmanuel Maillard (cb) nos explicó cómo hacerlo en el boletín "Children of Medjugorje" de noviembre de 2015:

«Habitar plenamente en el seno de la Madre de Dios significa abolir todo miedo a la muerte, todo temor a este misterioso nacimiento que nos está prometido. Toda buena madre prepara el nacimiento de su hijo con infinito cuidado, con inconmensurable ternura. ¡Cuánto más la Virgen María! Ella nos dice: “No, queridos hijos, ¡ustedes no saben celebrar la muerte de sus seres queridos de manera correcta! Tendrían que festejar la muerte de sus allegados con alegría, con la misma alegría que experimentan ante el nacimiento de un niño”. Pero en nuestro mundo enfrascado en la niebla del materialismo hemos perdido la perspectiva final de nuestras vidas. Muchas veces la muerte es para nosotros como si fuera una partida sin retorno, una destrucción sin piedad, un muro fatal; cuando en lugar de un muro es una puerta, puerta que finalmente se nos abre a la vida para la cual fuimos creados. Es por ello que, como apóstoles de la Virgen María, les propongo que consagremos nuestra muerte a su Corazón Inmaculado y al Corazón de Jesús a fin de que aquel momento crucial de nuestra existencia ya le pertenezca plenamente a Dios por las manos de María. Podemos proceder en 4 etapas:

A- Podemos desde ahora agradecer a Dios por el momento que ha elegido para llevarnos a Él. Cualquiera sea aquel momento, mañana o dentro de 50 años, digámosle que confiamos que Él ha elegido el mejor momento para nosotros, en cuanto a nuestra eternidad. B- Demos un paso más y agradezcámosle por la manera que ha elegido para llevarnos con Él. ¡No nos hagamos ninguna película de aquel momento! ¡Sufriríamos por anticipado por algo que seguramente no sucederá de esa manera! Por el contrario, acallemos nuestra imaginación en un acto de total abandono entre las manos de Aquel que sabe tanto mejor que nosotros lo que necesitamos. C- Pasemos a la etapa siguiente y agradezcamos a Dios por el momento que ha elegido para llevar junto a Él a la persona que nos es más querida. ¿Mañana? ¿Dentro de 50 años? Bendigámoslo, porque esta elección divina es lo mejor para aquella persona, para su felicidad eterna. En este caso, nuestra gran confianza en Dios se nutre en el abandono a su santa voluntad de amor. D- Finalmente agradezcamos a Dios por la forma que ha elegido para tomar consigo a ese ser querido. Para esta entrega se necesita un profundo trabajo interior porque podemos encontrarnos con fuertes resistencias. Aprovechemos la ocasión para lanzarnos con la confianza de un niño en los brazos del Padre. Esto puede demandarnos tiempo, pero con la gracia de Dios y una fe viva, terminaremos por dar nuestro SÍ. Y el gran regalo que se derivará de ese SÍ, de ese abandono confiado en los planes divinos, será la sanación de nuestros temores, de nuestras angustias ante la muerte. Estando entre las manos del Padre que tanto nos ama, ¿cómo podría paralizarnos el miedo?, ¿cómo podría la angustia apoderarse de nosotros? Si Jesús cargó sobre sí todos nuestros agobios en Getsemaní, fue precisamente para liberarnos de ellos».

8 de agosto de 2020

Actualización del libro virtual de mensajes

Queridos amigos,

Hemos reeditado el libro virtual que incluye todos los mensajes dados por la Virgen desde 1981 hasta julio de 2020. Incluye todos los mensajes del dia 25 de cada mes y la mayor parte de los mensajes dados en apariciones extraordinarias de la Virgen. Para leerlo, descargarlo o imprimirlo, hagan click en la imagen de abajo o en el siguiente link: https://docdro.id/qOZWcw8

Recordamos que este libro existe únicamente de forma virtual y su difusión es gratuita. Todos los que deseen pueden imprimirlo o descargarlo libremente. Cualquier duda enviar un mail a cmrp.argentina@gmail.com ¡Gracias!


25 de julio de 2020

Mensaje 25 de julio 2020 Medjugorje

Mensaje de la Reina de la Paz, 

dado el 25 de julio de 2020  en Medjugorje


“¡Queridos hijos! En este tiempo turbulento en que el demonio está cosechando almas para atraerlas hacia sí, los llamo a una oración perseverante para que en la oración descubran al Dios del amor y de la esperanza. Hijitos, tomen la cruz en sus manos. Que ella sea para ustedes estímulo de que el amor triunfa siempre, especialmente ahora que la cruz y la fe son rechazadas. Con sus vidas, sean ustedes reflejo y ejemplo de que la fe y la esperanza aún están vivas y que un mundo nuevo de paz es posible. Estoy con ustedes e intercedo por ustedes ante mi Hijo Jesús. ¡Gracias por haber respondido mi llamado!” 

Direct Mensaje del 25 de junio Sor Emmanuel

Hola a todos,

Nos ha parecido muy valioso el comentario de Sor Emmanuel (en su “Direct” en francés del día 26) sobre el hermoso mensaje de la Gospa en el aniversario de sus apariciones el 25 de junio pasado, especialmente en los momentos que estamos viviendo. Por eso queremos compartirlo con ustedes.

Les sugerimos igualmente escuchar (si todavía no lo han hecho), la muy ilustrativa y edificante conferencia del padre Paul María Sigl sobre estos tiempos, en ocasión de la Jornada de oración a la Madre de todos los Pueblos el 30 de mayo pasado en Amsterdam. 

https://www.ims-cms.net/pub/27228/GTH20/?page=id_TkUF02Sg8ip50


https://www.ims-cms.net/pub/27228/GTH20/?page=id_TkUF02Sg8ip50


Mensaje del 25 de junio de 2020 (dado a la vidente Marija Pavlovic)

Queridos hijos: escucho sus súplicas y oraciones e intercedo por ustedes ante mi Hijo Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Hijitos, regresen a la oración, abran sus corazones en este tiempo de gracia y emprendan el camino de la conversión. Su vida es pasajera y sin Dios no tiene sentido. Por eso estoy con ustedes, para guiarlos hacia la santidad de la vida, para que cada uno descubra la alegría de vivir. Hijitos, los amo a todos y los bendigo con mi bendición maternal. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!



Estamos con problemas hasta el cuello por las consecuencias de la pandemia, el tema de la vacuna, la mundialización, la economía, la política…  Tenemos realmente muchas preocupaciones, pero la Santísima Virgen nos dice que es un tiempo de gracia y nos pide que descubramos la alegría de vivir. Nosotros vemos lo terrenal, lo inmediato, pero Ella contempla el conjunto de lo que el Señor está obrando. ¡Y Él obra maravillas! María es un verdadero profeta.

Escucho sus súplicas y sus oraciones. Las súplicas y las oraciones deben ir de la mano. Hay quienes suplican, se lamentan, incluso gritan, y piensan que nadie los escucha. Aunque ellos no lo crean, Dios los escucha de todas formas. Suplicar, clamar, gritar no es ningún pecado. En la Biblia encontramos muchas personas que han gritado: Santa Isabel, cuando vio llegar a la Virgen, gritó de alegría; Jesús mismo gritó en la Cruz. Los gritos (clamores) son una forma de decir: ¿Por qué Señor? Jesús también dijo ¿por qué? en la Cruz. “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”. Y cuando María y José fueron al Templo para recuperar a su Hijo exclamaron: ¿Por qué nos hiciste eso? No habían totalmente comprendido el porqué de su actitud. Está bien cuestionarse, así Dios responde. Debemos suplicar, sí, pero que nuestros gritos sean dirigidos a alguien, no al vacío. Gritar al vacío conduce a la desesperación. 

También se puede gritar con rebelión, pero esto no es lo que nos pide la Santísima Virgen. Conozco a muchas personas que, siendo católicas e incluso practicantes, se rebelan contra Dios por el sufrimiento, las desgracias, las dificultades, las enfermedades, etc. El acusar a Dios no nos ayuda para nada; al contrario, nos hunde en las tinieblas. Tomemos el ejemplo de un padre que le dice a su niño de tres o cuatro años que no ponga los dedos en el enchufe porque es peligroso. Pero ni bien el padre se da vuelta, el pequeño se abalanza muy feliz hacia el enchufe con los dos deditos ya preparados, y en el intento de introducirlos recibe una descarga eléctrica. Luego, muy lastimado le recrimina al padre: ¿por qué me dejaste hacer eso? Es exactamente lo que nosotros hacemos con Dios que provee todo para nuestra felicidad en comunión con Él y para que vivamos en paz, pero despreciamos sus preceptos y mandamientos, y nos creemos más vivos que Él. Cuando nos sobreviene una desgracia lo acusamos a Él de no haber hecho nada para impedirlo. Es importante gritar y suplicar, pero que sea un grito dirigido a Dios. Y es a lo que María nos invita.

Jesús está presente en el Santísimo Sacramento y nos espera. Sé que en algunos países es difícil encontrar una iglesia abierta, pero tratemos de localizar una y hacernos tiempo para estar en oración con el Señor. Me ha causado un profundo dolor enterarme de que ahora que se han vuelto a abrir las iglesias, acude mucha menos gente que antes. ¡Y yo que pensaba que cuando las iglesias se reabrieran, todo el mundo se precipitaría! 

Escuchen bien las palabras de Jesús a un monje irlandés: “Lo haré todo por aquel que venga a mí en el Sacramento de mi Amor, -es decir en el Santísimo Sacramento-. Mírame, estoy vulnerable, expuesto, escondido, y sin embargo enteramente entregado a ti. La Eucaristía es la invención de mi amor y no hay nada que la supere en mis obras, ni en la misma creación. Es la corona de mi obra de redención en este mundo y el anticipo de la gloria que preparé para quienes me aman. Si las almas comprendieran los tesoros de amor que se dan gratuitamente a quienes se acercan a mí en el sacramento de mi amor, las iglesias estarían llenas de día y de noche. Si tomáramos conciencia de cuánto el Señor nos ama y nos espera, las iglesias serían demasiado pequeñas para contener a las multitudes que se agolparían. El maligno es quien se las ingenió para cubrir el misterio de mi presencia con un oscuro velo de negligencia, de irreverencia, de olvido y de incredulidad. Oscureció el misterio de mi Presencia Real y mis fieles, comenzando por mis sacerdotes, se alejaron de mí unos tras otros, como lo hicieron mis discípulos cuando me presenté abiertamente como el Pan de Vida bajado del Cielo para dar la vida al mundo. (extraído del libro In sinu Iesu)

En la Misa, la Eucaristía, la adoración al Santísimo tenemos a Jesús en Presencia Real. Es una bendición que en algunos lugares se haya vuelto a celebrar la Santa Misa. Después de la celebración quedémonos en gran número adorando a Jesús en nuestros corazones. 

Las iglesias deben llenarse si queremos obtener la victoria sobre la muerte, la enfermedad, los virus, las crisis, las carencias, el hambre, el odio, la violencia, la sangre derramada… La victoria solamente provendrá de Dios. ¿Quiénes somos nosotros para obtener la victoria? ¡Supliquemos y oremos! 

María también intercede por nosotros. ¿Por qué su intercesión es tan poderosa? Porque tiene compasión, tiene verdadera compasión hacia sus hijos. Nuestra Madre ve cuántos de sus hijos sufren, cuántos se encuentran en situaciones casi inmanejables. Como Ella nos lo ha dicho, cuando piensen que no hay salida, queridos hijos, arrodíllense y oren; y en la oración encontrarán la solución. Es muy hermoso comprobar la intercesión de María. Un gran místico oriental, cuyo nombre no recuerdo, decía que interceder es derramar sangre. Cuando intercedemos por alguien estamos tan conmovidos por su dolor, por su problema, que sangramos interiormente; es lo que Jesús hizo y lo que hace María. 

He aquí un ejemplo ilustrativo de la poderosa intercesión de María. Ya lo he contado en otras oportunidades, pero lo repito para quienes no lo hayan escuchado aún. El padre Steven, de los Estados Unidos, era un sacerdote que vivía como un pequeño príncipe. Con su lindo auto iba de visita en visita y de cena en cena a casa de sus amigos, etc. Sus ricos parroquianos lo proveían de todo y él se daba la buena vida (aunque no era “la buena vida”, sino la falsa vida). Pero un día, un accidente automovilístico lo proyecta ante el trono de Dios. Allí comprendió que le esperaba el Infierno. ¡El Infierno! Entonces escuchó el diálogo entre Jesús y María:
- Tiene lo que se merece, dijo Jesús.
- Hijo, si le diéramos una segunda oportunidad quizás cambiaría y se convertiría en un buen sacerdote.
- Madre, era sacerdote para él mismo y no para mí.
La Virgen insistió:
- Sí, pero una segunda oportunidad…
Entonces Jesús asintió:
- Madre, es tuyo.
Y el padre Steven volvió a la vida. Ahora es un santo sacerdote. “Madre, es tuyo”. Y así Ella salvó a este sacerdote del Infierno. María está siempre junto a sus hijos. Cierta vez dio un mensaje muy hermoso: Mi Hijo siempre me escucha. Y cuando no escucha la primera vez, escuchará la segunda, o la tercera, y María ganará la causa porque su Hijo la escucha siempre. ¡Esto es magnífico!

En otro pasaje de In Sine Iesu, María le dice al monje irlandés: “Dame todo lo que quisieras ofrecer a mi Hijo y a su Padre y lo estrecharé contra mi corazón para que sea purificado como oro en el fuego”. María estrecha contra su corazón todo lo que le damos. “Nada impuro puede resistir a la llama de amor que arde en mi corazón Inmaculado donde sólo habita el amor”. Si nos damos a María, si le entregamos nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras enfermedades, nuestros cuestionamientos, nuestro futuro, nuestro trabajo…, todo lo estrecha contra su corazón. “Entrégame tus debilidades, tus pecados del pasado, tus faltas cotidianas… Sólo le presentaré a mi Hijo el amor con el que deseas amarlo y junto con Él amar al Padre, a pesar de todas tus debilidades. Cuando veo a alguno de mis hijos desfigurado y sucio por el pecado, me siento movida a no juzgarlo sino a hacerle conocer la misericordia y a utilizar todos los medios a mi disposición para que se levante y se reponga enteramente de los estragos del pecado. Tantos hijos míos que luchan contra los tentáculos innumerables del pecado y contra los vicios perniciosos se encontrarían rápidamente liberados si tan sólo vinieran a mí con plena confianza filial, dejándome actuar según me inspire mi corazón maternal y misericordioso. No hay límites para la potencia de mi intercesión porque así me lo ha concedido el Padre”. El Padre Celestial le pidió que intercediera y Ella hace su trabajo, y lo hace a la perfección. ¡Porque tan sólo desea la salvación de todos sus hijos! 

“Nunca se equivocarán recurriendo a mí por grande que sea la complejidad del problema y la fealdad del pecado. Soy la Servidora de la Divina Misericordia, el Refugio de los pecadores y la Madre de todos los que luchan contra las fuerzas del mal. Yo también puedo decir laspalabras de consuelo pronunciadas por mi Hijo: Vengan a mí y obtendrán descanso”. Por lo tanto, ¡vengan a mí!

Ésta es María. Cuando nos dice intercedo por ustedes, quiere que le entreguemos nuestras preocupaciones, nuestras debilidades, nuestros pecados para estrecharlos contra su corazón. Por medio de su intervención todo resurgirá transformado, y cuando se lo entregue a Jesús tendrá perfume de Cielo. 

Intercedo por ustedes ante mi Hijo Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Hoy muchos otros caminos nos son propuestos, existe una confusión total sobre la verdad, y en cuanto a la vida tantas veces se elige suprimirla. Por esto está bien recordar que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Hoy al igual que ayer y como siempre lo será.

Regresen a la oración, hijitos. En este punto sí que sentí vergüenza; vergüenza porque hace 39 años que nos viene repitiendo lo mismo. Y hoy nos vuelve a decir oren, oren, oren (mensaje a la vidente Ivanka) y regresen… Esto quiere decir que hemos abandonado la oración. Cuando uno regresa es porque antes se fue. Nos habíamos ido y debemos volver. Después de 39 años, queridos hermanos y hermanas, tenemos que tomarnos la oración en serio. Regresen a la oración. Cada día dediquémosle tiempo a la oración. Decimos que tenemos muchas otras cosas que hacer, que no sabemos cómo orar… El Maligno encuentra todas las excusas del mundo para impedir que recemos, porque la oración justamente es el medio para vencerlo y para unirnos a Dios, que es el propósito de nuestra vida. La meta de nuestra vida es la de unirnos a Dios por toda la eternidad, y esto comienza aquí en la Tierra. 

Jesús le dijo a Santa Catalina de Siena: “Hazte recipiente y me haré torrente”. Hacerse recipiente es simplemente abrir el vacío de nuestro corazón. Si no sabemos qué decir, he aquí una buena preparación para la oración: “Señor te entrego mi vacío, hazte torrente”. Nuestro vacío es enorme porque estamos hechos para contener a Dios. “Hazte recipiente y me haré torrente”, y será entonces como las cataratas del Niágara... Pero para eso tenemos que ponernos en oración y ofrecerle a Dios lo que somos, tal cual somos.

¿Y si yo soy el mayor de los criminales, el peor de los satanistas, qué hago? Lo mismo. Porque hemos sido creados a imagen de Dios y llevamos en nosotros su marca. Sin la oración nos perdemos lo esencial de la vida, y nos ponemos en situación de peligro. En la oración, queridos hijos, encontrarán la mayor alegría. La oración es la felicidad del corazón del hombre.

Abran sus corazones en este tiempo de gracia ¡Esto es extraordinario! Es sorprendente que la Virgen María, sabiendo que estamos en un tiempo de dificultad, un tiempo de gran miedo, un tiempo en que todos se preguntan cómo será el futuro… nos diga: que es un tiempo de gracia. Sí, todavía no es el tiempo de la justicia, sino el tiempo de la gracia. Ella nos lo ha dicho muchas veces. Queridos hijos, no saben sacar provecho de este tiempo de gracia. 

Muy frecuentemente recibo testimonios de personas que han recibido gracias extraordinarias.  Parecería que cuanto más densas son las tinieblas que cubren al mundo, más abundantes son las gracias. Feliz culpa que nos valió tal Salvador. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. 

Emprendan el camino de la conversión. Es decir, hoy me voy a preguntar en qué podría cambiar, en qué podría mejorar, cómo podría orar mejor, cómo podría amar mejor, cómo podría perdonar mejor, cómo podría hacer mi trabajo con amor en lugar de refunfuñar, cómo podría contener mis críticas, mis palabras negativas, mis juicios… Tenemos mil ocasiones para convertirnos; sólo tenemos que decidirnos. La decisión es la que sirve de bisagra entre el hacer y el no hacer. Y la Madre de Dios es una mujer decidida. Cuando tiene algo en mente va en serio… y lo que tiene en la mente también lo tiene en el corazón. 

Caminemos por la senda de la conversión y escuchemos lo que Jesús dice en el Evangelio, lo que María dice en sus mensajes. Ella nos lo ha explicado todo de A a Z. ¡Simple y claro como agua de roca! 

Los invito a descubrir a los místicos, si no los conocen. El Papa Juan Pablo II nos pidió que los leyéramos. Tengo la impresión de que vivimos sólo a un 10% (y soy muy generosa) de todo nuestro potencial de santidad porque estamos dispersos en miles de otras cosas… Inspirémonos en los místicos, ya sea Juan de la Cruz, Catalina de Siena, Teresa de Ávila, santa Teresita, Francisco de Sales, Bernardo de Claraval. Cuando lean a estos extraordinarios santos pensarán ‘¡yo también estoy hecho para esto! Hasta ahora no había comprendido el sentido de mi vida. ¡Es extraordinario lo que el Señor es capaz de hacer en mí! Me puede transformar en esa persona santa con la que Él sueña desde siempre’. Los místicos son aquellos que volverán a infundirnos la esperanza, que nos volverán a dar la impronta de hijos de Dios para la Luz. Somos hijos de Dios para llevar luz, en lugar de vegetar, de estar en la tibieza… ¡Manos a la obra!

Leamos a los santos, leamos a los místicos y volveremos a nacer. Y hoy en día tenemos necesidad de renacer. Nuestra vida actual es difícil y creo poder decir sin temor a equivocarme, que tendremos que olvidar completamente lo que vivíamos hace cuatro meses. Ha habido en el mundo un giro dramático y no vale la pena mirar hacia atrás ni retomar nuestras antiguas costumbres y nuestros viejos puntos de apoyo. La Virgen nos dijo que hemos elegido un camino equivocado a causa del pecado que el mundo ha llegado a glorificar. Satanás reina, como lo dijo María, y el pecado también está reinando. Cosechamos lo que sembramos, pero no siempre los que cosechan son los que han sembrado, porque somos un cuerpo, somos la humanidad unida también en Dios. 

El pasado no volverá y tenemos que organizarnos para el futuro, con sus probables nuevas pruebas, pero en las pruebas la Virgen nos habla de la alegría de vivir. Es un tiempo de gracia, donde finalmente podremos gustar la alegría de lo sobrenatural. La Paz no es un sentimiento, es un don del Espíritu Santo. La alegría no es un sentimiento, es una decisión de vivir con Dios, de unirnos a Dios. Y el amor tampoco es un sentimiento, es una decisión de hacer el bien, no importa cuál fuere el sentimiento. Si el sentimiento acompaña mejor, pero no es completamente necesario. 

La Virgen nos lleva a realidades con las que soñamos. Felizmente Ella está con nosotros para ayudarnos a levantar vuelo, porque estamos bastante estancados. 

En este mensaje también nos dice cosas muy fuertes. Su vida es pasajera. Toda la Biblia, especialmente los Salmos y los Profetas, nos habla de que nuestra vida es pasajera. Es un paseo de corta duración, como la flor del campo que se abre a la mañana y se marchita por la noche. Así de efímera es nuestra vida. A quien había amasado en sus graneros y luego podía descansar y disfrutar de la vida, el Señor le dijo: insensato, esta misma noche serás llevado ¿y tus bienes a quienes irán…? 

Queridos hijos, sin Dios su vida no tiene sentido. Este es plato fuerte del mensaje. Llevamos la marca del Creador. Fuimos creados a imagen y semejanza suya, y nuestra sed de Él es infinita. Nuestro Creador ha dispuesto en nosotros un gran espacio donde poder alojarse. Somos los tabernáculos del Dios vivo. Él es nuestro origen y al mismo tiempo nuestro destino. Pero si no nos conectamos con nuestro origen, ¿cómo podremos encaminarnos hacia nuestro destino? Recuerdo que hace tiempo alguien escribió en una pared: “Dios está muerto”. Firmado Nietzsche. Al día siguiente, apareció otra frase: “Nietzsche está muerto”. Firmado Dios. Y luego otra que decía: “Si tu Dios está muerto, toma el mío porque Él resucitó”. ¡Cómo me gustan estas frases!

María quiere conducirnos a la santidad de la vida. Leamos a los místicos y veremos que la santidad es el deseo del corazón del hombre. Sin la santidad, queridos hijos, no pueden vivir. Esto no lo dice a los sacerdotes, a los religiosos, sino a todos; la santidad debe reinar en las familias. 

Y termina diciendo: para que cada uno descubra la alegría de vivir. Ella nos habla de la alegría de vivir y nos la da. Aferrémonos a María, orémosle a María, démosle todo lo que tenemos, así como está, lo sucio y lo limpio; pongamos todo en su regazo, en su Corazón Inmaculado. Ella lo presentará a Jesús y gustaremos la alegría de vivir, porque Ella, a pesar de todos sus sufrimientos gozaba de alegría y paz, lo superaba todo porque tenía a Dios en su corazón y ofrecía todo al Señor.

Los amo a todos, hijitos. La Virgen ama a los buenos y a los malos. Si tuviera la oportunidad de hablar con algún satanista, yo le diría: ‘Dios te ama, María te ama, y si miras bien adentro de tu corazón, más allá del odio que quizás te motiva a actuar y que te obsesiona, verás que experimentas una sed de amor, de infinito. Siéntate y piensa en tu futuro, en tu destino final, porque en un año, en diez años, en cincuenta o en sesenta, probablemente estarás bajo tierra en una tumba. Piensa en lo que quieres para tu futuro eterno’. Fuimos creados para la unión con Dios y ése es nuestro destino, nuestra felicidad. Y es lo que María sueña para cada uno de nosotros.

Los bendigo con mi bendición maternal. Esto me recuerda el episodio relatado por algunos místicos: cuando Jesús se despide de su Madre antes de su Pasión, le cuenta lo que está por suceder y sobre todo le pide su bendición maternal. Y María, la Madre, lo bendice. Después Ella le dice: ‘Hijo, bendíceme’. Imaginemos la escena de esa unión mística entre esos dos corazones inmaculados, perfectos, llenos de amor. 

Ahora María nos bendice de la misma manera que ha bendecido a su Hijo. Mi bendición maternal, la que le di a mi Hijo Jesús, se la doy a cada uno de ustedes. 

Justo en el momento en que estoy escribiendo estas palabras, la Virgen está por aparecer en Medjugorje así que me voy a detener. Unámonos para recibir su bendición, que seamos buenos o malos; todos la recibiremos porque Ella nos ama infinita e indistintamente.